Envases metálicos y economía circular: del contenedor a una nueva vida

Reciclar un envase no consiste únicamente en depositarlo en el contenedor adecuado. Para que el material pueda volver realmente al sistema productivo, es necesario que funcione toda una cadena formada por la ciudadanía, los sistemas de recogida, las plantas de selección y la industria recicladora.

En el caso de los envases metálicos, esta cadena tiene gran potencial. La lata es un material permanente que se puede reciclar repetidamente sin perder sus propiedades. Sin embargo, para que esta circularidad sea efectiva, es imprescindible recuperar la mayor cantidad posible de material y garantizar que llegue a las acererías con una calidad adecuada.

Una circularidad que empieza en casa

El primer paso tiene lugar en el momento en que una persona decide dónde depositar un envase vacío. Una correcta separación facilita la recuperación del material, reduce la presencia de impropios y mejora la calidad del acero reciclado.

Uno de los problemas más habituales es introducir papel, cartón, plásticos u otros residuos dentro de los envases metálicos. Este gesto, que puede parecer inofensivo, dificulta considerablemente la posterior selección. Los imanes pueden separar el acero del resto del flujo de residuos pero no pueden extraer los materiales que han quedado atrapados en el interior del envase.

Por eso es importante vaciar bien los recipientes y no utilizarlos como una papelera. Cuanto más limpio y bien separado llega el envase en la planta de tratamiento, más eficiente es todo el proceso.

No existe un único sistema de recogida ideal 

En Europa conviven distintos modelos de recogida: contenedores para distintas fracciones, sistemas puerta a puerta, puntos de aportación y recogidas donde se mezclan distintos tipos de envases.

Cada uno de ellos presenta ventajas e inconvenientes. El puerta a puerta puede fomentar una elevada participación y una buena separación en origen, pero exige más recursos logísticos y un compromiso importante por parte de los hogares. Los puntos de aportación pueden ser más económicos y flexibles, aunque la distancia o ubicación poco accesible pueden reducir su uso. Los sistemas que agrupan diversos materiales simplifican la recogida, pero pueden generar mayor contaminación y requerir procesos de selección adicionales.

La mejor solución, por tanto, no debe ser necesariamente idéntica en todas partes. Debe adaptarse a las características de cada territorio y combinar accesibilidad, eficiencia logística, participación ciudadana y calidad del material recuperado.

El magnetismo, el gran aliado de la lata

Una vez que los residuos llegan a la planta de selección, el acero ofrece una ventaja muy valiosa: sus propiedades magnéticas.

Mediante electroimanes instalados sobre las cintas transportadoras, los envases metálicos pueden extraerse automáticamente de los flujos de residuos. Se trata de una tecnología fiable, sencilla y eficiente que permite recuperar gran cantidad de material.

El reto es capturar también las piezas más pequeñas, como tapones, tapas, chapas y otros elementos de cierre. Estos residuos pueden atravesar los primeros sistemas de cribado y acabar por error en la fracción de desecho. La incorporación de puntos adicionales de separación magnética permite recuperarlos sin transformar completamente las instalaciones.

Incluso cuando una lata llega a la fracción incorrecta, todavía puede haber una nueva oportunidad. Algunas plantas recuperan el metal antes de la incineración y otras lo hacen posteriormente a partir de las escorias. Sin embargo, separar correctamente el envase desde el principio sigue siendo la opción más eficiente.

Reciclar más, pero también reciclar mejor

Según los datos de Steel for Packaging Europe, el 82% de los envases metálicos introducidos en el mercado europeo en 2023 llegaron efectivamente a operaciones de reciclaje. La cifra representa un aumento de dos puntos porcentuales respecto al año anterior y sitúa a este material cada vez más cerca de un circuito completamente cerrado.

Pero la cantidad recuperada no es el único indicador importante. La chatarra debe cumplir unas condiciones determinadas de pureza, humedad y densidad para que se pueda fundir de forma eficiente. La excesiva presencia de plástico, aluminio, madera, papel o cartón puede obligar a aplicar tratamientos complementarios, como la trituración.

Unos criterios de calidad comunes, mayor control durante la selección y un correcto mantenimiento de los equipos ayudarían a mejorar la trazabilidad del material ya reducir el impacto ambiental del reciclaje.

Información clara: dentro y fuera de casa

La implicación ciudadana depende en gran medida de la facilidad del sistema. Unos contenedores bien ubicados, instrucciones comprensibles y etiquetas coherentes reducen los errores y generan confianza.

Actualmente, las indicaciones sobre cómo reciclar determinados elementos, especialmente los tapones metálicos, pueden variar entre territorios. Armonizar los colores, símbolos y mensajes facilitaría que las personas supieran qué hacer con cada envase, independientemente del lugar donde se encontraran.

Esta coherencia también debe extenderse más allá de los hogares. Cada vez consumimos más productos en oficinas, estaciones, parques, centros educativos o eventos. Si en estos espacios sólo hay papeleras de desecho, muchos envases reciclables acaban inevitablemente a la fracción incorrecta. Situar contenedores de recogida selectiva junto a las papeleras convencionales ayudaría a mantener los mismos hábitos dentro y fuera de casa.

Una responsabilidad compartida

El Reglamento europeo de envases y residuos de envases impulsa una gestión más circular, pero la normativa, por sí sola, no puede cerrar el círculo.

Se necesitan envases bien diseñados, sistemas de recogida accesibles, plantas de selección eficientes, criterios de calidad exigentes y una ciudadanía bien informada. Cuando todas estas piezas trabajan de forma coordinada, el envase deja de ser un residuo y se convierte en una nueva materia prima.

Las latas recuperadas se pueden transformar en otra lata o formar parte de productos tan diversos como una infraestructura ferroviaria, el marco de una ventana, una bicicleta, un aerogenerador,…  Esta capacidad de devolver una y otra vez al sistema productivo demuestra que el reciclaje de calidad no es el final de la vida de un material, sino el comienzo de la siguiente.